Ayer por la noche leí tu mensaje y me dejó huella porque esta madrugada, entre sueños, me vinieron algunas nuevas impresiones acerca de la voluntad relacionadas con lo que decías.
Te comentaré estas impresiones sin ánimo de filosofar, aunque lo parezca… nada más lejos. ¡Qué difícil es intentar expresar ciertos aspectos que no tienen forma ni física ni mental y que tan claramente se muestran en nuestra conciencia en algunas ocasiones ¡
La Voluntad es lo que se desprender del SER, lo que ES y todo ES siempre, independientemente de que tenga forma o no tenga forma o pueda percibirse o no percibirse.
La Voluntad es esa Divinidad omnipresente de la que hablan las religiones.
La Voluntad no puede aumentarse ni disminuirse porque siempre ha sido la misma y lo será porque está más allá del tiempo y de las formas. TODO ES.
Entonces: ¿Qué es lo que significa la voluntad para nosotros y como puede utilizarse si siempre es igual a si misma?
La Voluntad solo puede ser reconocida cuando toma forma (sus ropajes) y cuando estos ropajes son percibidos conscientemente por una Conciencia.
Lo que percibiste de tu padre y que tanto te impresionó no era lo que parecía que era (su persona o sus ropajes) sino que realmente percibiste el SER inmutable y siempre presente expresándose a través de sus ojos. Percibiste el SER real a través de su forma en disolución.
Podría estar diciendo “mi forma se desvanece, pero lo que soy siempre permanece”.
Está claro que cada uno de nosotros y cada forma existente es la voluntad manifiesta de DIOS o una expresión o ropaje del SER, por eso ejercer la voluntad es tan sencillo como SER, y siempre estamos siendo el mismo SER.
Pero por qué parece que hay más o menos voluntad en cada cosa que hacemos. ¿Qué es esa voluntad medible de la que hablamos tan frecuentemente asimilándola a lo que entendemos por fuerza?
Aquí entra en juego la conciencia y la luz como expresión de la conciencia.
El ser siempre ES en TODO, pero la conciencia es parcial (mayor o menor conciencia de lo que ES) y a la cantidad/calidad de “Conciencia de lo que Es” lo llamamos voluntad y lo medimos como fuerza de la voluntad. En realidad, no medimos el ser ni la voluntad, sino que medimos la conciencia del ser en relación con la apariencia de lo que llamamos ser. (Recuerdas la eterna relación entre conciencia y sustancia y la formulación E = M*C donde “E” es el SER inmutable detrás de toda realidad consciente y aparente.
Imaginemos la oscuridad infinita como una pizarra negra. Parece que no hay nada porque no se percibe nada más que la oscuridad sin formas. Algunos definen esta ausencia como “nada” en contraposición con todo y sin embargo esta nada ES lo mismo que el TODO. La diferencia está en la conciencia que no percibe ninguna forma que sobresalga de esta aparente ausencia.
Ahora pintamos un punto blanco con una tiza blanca. La conciencia percibe ese punto como algo diferenciado y dice: “Eso ES un punto” en contraposición con la ausencia a su alrededor.
Esto es lo que mismo que sucedió cuando apareció la autoconciencia. Tuvo conciencia de una parte ínfima del ser y dijo eso es “un punto” lo mismo que diariamente decimos “ese es Juan” o lo mismo que decimos “yo soy este (mi nombre).
Por fin la conciencia tiene conciencia del SER a través de una forma. La pizarra o el todo oscuro alrededor sigue siendo igual a si mismo. En relación con el SER nada ha cambiado ni puede cambiar, pero en relación con la conciencia mucho ha cambiado porque ha descubierto la existencia, aunque solo sea a través de la apariencia separada de un punto. Y puede decir: “eso es pequeño, pero puede ser más grande y más grande o incluso mucho más pequeño”. Pero se confunde porque no puede “ser” ni más pequeño ni más grande, lo que es grande o pequeño es la conciencia que tenemos del SER y esa conciencia puede ser más pequeña o más grande.
Cada uno de nosotros dice “yo soy”, ese punto blanco en la pizarra cuyo borde separa el blanco del negro. La clave de todo está en el límite o el borde o la circunferencia que separa el circulo interno de la realidad externa. Nuestro límite (el límite que percibimos de nosotros mismos) establece la diferencia entre nuestra conciencia del SER y nuestra inconsciencia del SER. El ego autoconsciente ha establecido este límite y por eso se reconoce a si mismo de forma separada.
Si la conciencia aumenta de intensidad (si uno se hace más consciente) pero se empeña en seguir manteniendo el mismo límite de lo que cree que es, si no cambia el tamaño o el límite de si mismo, la luz o conciencia en el mismo espacio se vuelve más intensa y por tanto más atractiva para los otros. A los puntos que son muy brillantes en nuestro universo o en nuestra sociedad a las personas que brillan más podemos decir que tienen más voluntad, pero en realidad lo que tienen es más conciencia dentro de su propio límite. El aumento de conciencia sin aumento de espacio no significa mayor comprensión del SER total sino mayor comprensión del ser particular y limitado. Cuando alguien alcanza la máxima conciencia de si mismo alcanza el máximo de intensidad de luz porque “no cabe más luz dentro del mismo espacio, limitado por la propia idea de lo que uno es”. A continuación, se quema y desparecen los límites para los observadores externos que no tienen la capacidad de ver que esa luz se ha expandido en un espacio tan inmenso que ha dejado de ser perceptible, aunque el ser no ha cambiado en absoluto.
El egoísmo ( ley natural que corresponde al propio proceso de evolución) es la capacidad de hacerse más consciente dentro del mismo espacio, o límite, o idea de sí mismo. Un ser humano se crea su propio límite o su propia idea de lo que es un ser humano y evoluciona su conciencia sin salirse de ese límite. Cada vez será más consciente de lo que es un ser humano, pero no será más consciente de lo que ES el SER que se expresa a través de lo que llama “Ser o forma humana”.
Digamos que la Voluntad o SER se encuentra oculto tras los ropajes de la apariencia, pero al mismo tiempo estos ropajes son los que permiten que haya una conciencia que cada vez se hace más consciente del significado de existencia.
Y ahora viene casi lo más importante en relación con tu entendimiento de que la Voluntad es “entrega o rendición”. ¡Que verdad tan grande y tan mal comprendida!
La rendición necesaria para alcanzar plena conciencia del ser es la rendición del egoísmo. Esto significa que hay que renunciar a los límites de lo que somos, a nuestra idea de lo que somos y lo que tenemos. No somos nada particular ni tenemos nada. Al renunciar a los limites, inmediatamente nuestra circunferencia aumenta y la conciencia se expande a través de nuevo espacio que hemos abierto. No es necesario que se haga más brillante porque el brillo aumentará en el siguiente paso evolutivo durante el tiempo que se mantenga el límite de lo que uno sigue creyendo que es. Detrás de cada renuncia se rompe un límite y se produce una expansión del espacio que uno ocupa dentro del SER, y vuelve a crearse otro límite hasta que se vuelve a renunciar y se vuelve a aumentar el espacio que ocupa la misma conciencia: “La única conciencia del SER a través de cada forma”.
Manejar la voluntad es realmente manejar los límites de uno mismo. Se trata de quitar los velos que ocultan la divinidad o el ser que siempre es el mismo.
No se trata de aumentar la luz o la voluntad o la divinidad, porque esta luz y esta voluntad siempre han sido las mismas, sino se trata de eliminar todos los velos posibles que la ocultan y a esa eliminación lo llamamos renuncia… renuncia de lo pequeño y mortal para alcanzar lo grande e inmortal.
Cambiar los límites de uno mismo también significa renunciar en cierto modo a la intensidad de la luz, y esta renuncia puede ser muy poco comprendida. Si la misma conciencia la colocamos en un espacio más grande, se expande en ese espacio para abarcarlo y la intensidad o brillo de la misma cantidad de luz disminuye, y por eso las personas, cuanto más brillantes (más resplandecientes) más miedo pueden tener a perder ese brillo y se aferran al brillo (creyendo que eso es la divinidad y la realidad del Ser) y renuncian a la expansión y esto hace que se vuelvan más egoístas todavía y que se alejen más de la comprensión del SER real por encima de sí mismos, de su todavía limitada conciencia del Ser.
Ejercitar la voluntad humana en el plano dual es manejar la relación entre las luces y las sombras, entre lo que tienes y lo que quieres, entre lo que se ve y lo que no se ve, entre lo que es consciente y lo que es todavía inconsciente. El esfuerzo no debería ser dirigido a adquirir algo (por ejemplo más iluminación, o divinidad mal entendida) sino a superar los límites, a traspasar todos aquellos velos que ocultan lo que realmente ES mucho más allá de lo que ahora se comprende.
Hay que perder deseo para ganar sabiduría.
elg – 2017