Resolviendo Karma

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Nosotros estamos aprendiendo a reconocer que no existe la casualidad en ninguna manifestación de la realidad objetiva. Todo movimiento, forma, actividad, acción o reacción es el producto de una causa subyacente. En el mundo objetivo reconocemos fácilmente la relación causa y efecto y esto lo comprendemos bien, pero nos cuesta entender y aceptar que toda causa en el mundo objetivo de la forma, es realmente un efecto producido por una causa realizada en un plano superior. De esta manera las causas de la realidad física, son efectos de las causas generadas en el plano emocional, y las aparentes causas emocionales no son más que efectos o movimientos producidos por causas en el plano mental… y así sucesivamente.

La ley de causa y efecto es lo que llamamos la ley del karma, y vemos su manifestación en el mundo objetivo, por lo que deberíamos estar preparados para encontrar las causas en los mundos subjetivos que las han llevado a la manifestación. Y ya sabemos que estas causas no vienen solo de ahora, sino desde nuestra infancia, y también desde encarnaciones anteriores.

Todo esto no nos tiene que asustar, porque hemos estado viviendo con ello siempre en el pasado de forma inconsciente. No confundamos el término karma, ni lo asociemos a experiencias negativas y dolorosas. Karma es el conjunto de todas las formas y manifestaciones en el mundo físico, emocional y mental con las que contactamos en tiempo y espacio, indistintamente de que nos creen experiencias o sentimientos negativos y/o positivos. El Karma es impersonal, y no tiene nada que ver con nuestra respuesta al mismo. Nosotros, y nuestros actos, pensamientos y deseos tienen una relación de karma, o un rol y vienen asociados a la necesidad de los otros, del mismo modo que los roles que aparecen en nuestra realidad, aparecen como respuesta impersonal a nuestras necesidades kármicas.

De esta manera podemos comprender que cuando alguien aparece en nuestra vida, ya sea que la duración de la relación se mantenga  un minuto, o durante gran parte de la vida, es siempre una relación kármicas, que significa que cada uno es llevado allí por la necesidad propia y al mismo tiempo `por la necesidad del otro. Cada uno es una oportunidad para el otro, sincronizadas en tiempo y espacio. Ahora cada uno que adquiera esta consciencia, estará en condiciones de preguntarse: ¿Qué necesidad debo resolver, o que movimiento o proyecto lanzado anteriormente debo terminar a través de la relación con esta persona? La respuesta está profundamente anclada en el interior de cada persona, y solo puede alcanzarse cuando la persona está verdaderamente dispuesta a desnudarse ante sí mismo,  desprenderse de todos los miedos que pueden aparecer en el proceso, y aceptar ver lo que tiene miedo de ver. 

¿Pero cómo puede hacerse esto sin herirse a sí mismo?:
– Manteniendo en la conciencia que nuestro verdadero Ser es la esencia Crística de la conciencia, habitando y aprendiendo a utilizar un vehículo de materia física, emocional y mental. Nosotros no somos nuestro cuerpo, ni los sentimientos que experimentamos y a los que estamos habituados, ni siquiera somos los pensamientos que hemos aceptado como nuestros y que aparentemente nos dan forma.

 Uno de los miedos más profundos que existe es  aceptar la creencia o el pensamiento de que “somos malos”. Percibir la maldad de la propia existencia. Pero esto en realidad es una tremenda confusión que ha llevado al hombre a cometer infinidad de errores que ahora esta compensando o pagando Cada vez que se dice de alguien que es malo, se está cometiendo un acto atroz, porque se está reforzando esa falsa idea en la mente de la otra persona, y se la está haciendo esclava de esa idea y se la está atando al miedo y al sufrimiento futuro, hasta que pueda comprender cual es su verdadera esencia divina que ha estado contaminada, confundida e identificada falsamente con la idea de la maldad.

Liberándonos pues del aparente mal, podemos abrir los ojos y ver objetivamente, sin miedo ni sufrimiento,  cuales son las formas de pensamiento y de deseos de las que nos hemos rodeado a lo largo de nuestras encarnaciones, y que todavía no han sido resueltas, y que nos están trayendo (o atrayendo) a  las personas y situaciones con las que nos encontramos.

Ahora volvamos a un paso más adelante, e intentemos comprender que podemos hacer en estas situaciones que se nos plantean, aunque todavía no hayamos visto con claridad las causas que nos han llevado hasta allí.

1º- Nos hacemos conscientes de que cuando entramos en relación con algo que no nos gusta y rechazamos,  algo con lo que sufrimos, nos cabreamos y respondemos negativamente, y finalmente  huimos, es como consecuencia de una respuesta emocional inconsciente, causada por una forma mental  (pensamiento)  en nuestra mente que se niega a aceptar o reconocer algo, produciendo miedo.

2º- Nos hacemos conscientes de que esa persona/situación nos está dando la oportunidad de resolver algo pendiente, pero justo nuestra resistencia inconsciente a reconocerlo es lo que nos aleja de que podamos aprovechar la oportunidad. Y si no aprovechamos la oportunidad, se nos volverá a manifestar en otra forma en el futuro.

3º- Con los dos punto anteriores en la conciencia, nos proponemos ser dueños de nosotros mismos y convertirnos en personajes activos asumiendo las actividades necesarias para resolver lo que debe ser resuelto. Decidimos dejar de reaccionar a la otra persona, y comenzar una actividad planificada de actuación que nos llevará a resolver la situación. En lugar de sentirnos esclavizados por la situación, sentirnos enfermos,  debemos asumir el rol de que nosotros somos el doctor y la otra persona es el paciente a quien debemos curar.

Esto lo voy a explicar mediante una metáfora:

Un médico que se encuentra caminando por la calle, se encuentra repentinamente con un accidente que produce lesiones graves en una persona que se encuentra tumbada en el suelo. El doctor se acerca y ve que la persona está sangrando por diferentes partes, que la respiración y el pulso son inconstantes, y que la persona grita de dolor sin cesar.La respuesta automática inconsciente de una persona que no ha aprendido a enfrentar esta situación, es dejarse llevar por los chillidos de dolor, que crean irritación y miedo, sentir impotencia y  miedo producido por la vista de la sangre, y salir corriendo.

En la situación concreta de la persona enferma en tu casa, ella está gritando porque tiene miedo, está sangrando y de forma inconsciente acuciada por el miedo a su propio dolor y muerte no deja de suplicar, pedir reconocimiento  (atención)  y también maldecir, odiar y todo tipo de manifestaciones producto de su miedo.

  • La respuesta del verdadero medico es la de reconocer que todos esos síntomas (sangre, gritos, dificultad respiratoria) son los efectos de la situación que debe resolver, y que no puede dejarse llevar por el miedo, la incertidumbre que le pueden crear. El doctor se des identifica del paciente y de su sufrimiento para poder curarlo. Comienza a realizar una serie de acciones planeadas, con plena conciencia, que independientemente de las reacciones aparentes del paciente, llevan a mejorar y solucionar la situación.
  • La respuesta del que inicia el servicio, es la de reconocer que todas las reacciones negativas de la otra persona son el resultado o manifestación de su inconsciencia y de su miedo, y que justamente eso es lo que hay que resolver, para lo cual debe desidentificarse y actuar desde una percepción o un estado de conciencia más alto.
  • La forma de tratar esto a nivel psicológico, es parecida en todas las situaciones. Emitimos nuestra comprensión por la situación. Enfrentamos el odio y el rechazo de la otra persona, voluntariamente,  con acercamiento, reconocimiento, aceptación, y amor. Nos hacemos indiferentes a sus reacciones inconscientes y continuamos nuestro trabajo consciente que tiene como objetivo iluminar y traer paz. Pero no debemos olvidar que debemos aplicar una serie de principios que ya hemos estudiado:
  1. Dar consejos.  No debemos entrar en la otra persona y explicarle lo que no puede comprender. Debemos darle lo que necesita, en lugar de lo que necesitamos nosotros. Intentamos ayudar a la vista o en silencio si se nos permite. No nos dejamos llevar por sus respuestas inconscientes, no reaccionamos, nuestras acciones son el producto de nuestra actividad consciente en todo momento, sabiendo lo que debemos hacer. En lugar de alejarnos, nos acercamos más porque consideramos que esto es parte de nuestra responsabilidad.

  2. Correcta motivación. Debemos cuidar mucho este aspecto. La motivación para hacer esto no debe ser la de liberarnos de una situación incomoda, porque entonces lo que hagamos no funcionará, porque no será verdadero amor, sino apariencia. Tampoco la motivación debería ser curar exclusivamente a la otra persona, porque aunque es más correcta, todavía implica una identificación personal, y esto puede impedir la correcta relación. El médico cura porque asume una rol de servicio, por encima de cualquier personificación. Se dedica a curar personas, sean las que sean, y esta perspectiva más amplia se manifiesta y se expresa a través de su voluntad como verdadero servicio a la humanidad, y la potencia de esta motivación y sus efectos son inmensos, si los comparamos con las motivaciones particulares o personales. El verdadero servidor, debe ver en el paciente una muestra de la humanidad inconsciente y enferma porque tiene miedo. Y desde el punto de vista de asumir un servicio para y por la humanidad, realizar su trabajo que solo se podrá realizar a través de las personas enfermas concretas que se presentarán en su consulta. Por tanto cada persona o situación que manifieste dolor, odio, incomprensión, debe ser vista como una persona enferma que aparece en nuestra consulta, y que nos permite manifestar nuestro don, nos permite realizar nuestra vocación y nuestro servicio. Esta es la verdadera motivación que de forma natural se manifiesta como verdadera comprensión y amor por los otros. Pero cuidado con no entender correctamente el amor. El medico que cura, no tiene que amar a su paciente de forma emocional. Si hace esto es posible que no cure correctamente. Su amor se manifiesta como su servicio que finalmente cura la distorsión existente en la forma física. El amor del servidor, es la luz que se manifiesta de su comprensión, su buena voluntad y su intento de transmutar la guerra en paz y el odio en amor, y todo esto en nombre de algo más grande que el mismo. En nombre de aquello en lo que todos estamos unidos porque formamos parte del mismo Ser. Así, cuando curamos a otro con verdadera motivación,  nos estamos curando a nosotros mismos, y estamos curando y resolviendo el karma de toda la humanidad.

elg

Instructor

La personalidad es una sombra que revela que detrás hay una gran luz