La mayoría de nosotros nos pasamos la vida enredados en una gran cantidad de actividades que consideramos necesarias, tanto físicas como emocionales, e incluso mentales.
Una inmensa mayoría de estas actividades no ha sido elegida voluntariamente, sino que percibimos que viene siendo atraída hacia nosotros desde la infancia. La educación recibida también ha dejado una gran cantidad de necesidades implantadas en nuestra mente, lo mismo que nos ha dejado programados para dirigirnos hacia una gran cantidad de objetivos relacionados con el éxito, mal entendido como el predominio sobre los otros cuando se lleva a un escenario donde la regla establecida es que unos tienen que sobrevivir por encima, o a costa de los otros.
Sentimos que apenas tenemos tiempo para satisfacer todas las necesidades que hemos aceptado en nosotros (conscientes o inconscientes), y por tanto para resolver todos los problemas que plantean. Así es como tenemos que atender nuestra manutención, nuestra casa, nuestra familia, nuestras relaciones sociales, nuestro trabajo y si todavía queda tiempo algún tipo de otras actividades de ocio o de evasión que nos ayuden a digerir bien todo lo que estamos obligados a absorber a lo largo de día. Todavía existen otras que pueden estar relacionados con aquello que llamamos nuestra vocación, o que forma parte de nuestra aspiración irrealizable… pero para estas ya no queda tiempo… o si queda, lo que hacemos es intentar practicarla en el tiempo libre que pueda quedar… una hora un día… una tarde otro día… pero por desgracia una o dos semanas debe volver a quedar dormido, debido a que nuevamente las necesidades primordiales lo impiden…
Esta forma de vivir que es tan familiar para nosotros, y no nos podemos imaginar otra, representa a fin de cuentas un compromiso total con aquello que nos ata a las necesidades ilusorias no elegidas, y una falta de compromiso con nuestra verdadera realidad, cuando somos capaces de oírla durante algunos instantes algún que otro día.
¿Nos esclaviza la vida, o nos esclavizamos nosotros mismos?
A menudo buscamos e intentamos encontrar el camino, la enseñanza, la técnica o la fórmula de resolver los grandes problemas que sufrimos a diario… pero aquello que encontramos y que empezamos a practicar, lo ponemos en el último lugar de la lista de necesidades… y así es como se convierte en una atracción de feria… con muchas luces pero con muy pocos resultados profundos. Los siguientes días llegaremos a la conclusión de que esa actividad no es la que nos podía ayudar a resolver el problema y entonces buscamos y encontramos otras nuevas… que van cayendo una detrás de otra, porque no logran sacarnos del atolladero.
Ahora recordaré a aquella persona que se encontraba en su lujoso yate, y sin poder utilizar el motor, en medio de una gran tormenta en mitad del mar. Sin poder dirigirse en ninguna dirección, se mantenía encerrado dentro de la cabina, alejado de los truenos y los rayos que tanto pánico le generaban. Allí se sentía más seguro, puesto que tenía refugio, tenía comida y bebida, y podía seguir manteniendo la esperanza de que alguien llegara al recate. En uno de los costados del yate había un bote salvavidas con remos, pero renunció a ello pensando que si utilizaba este bote, tendría que renunciar a la comida y bebida almacenada, y tendría que enfrentar el gran oleaje con el esfuerzo de sus brazos, sin conocer siquiera si hallaría tierra en alguna pocas horas y podría vencer la sed y el hambre y el cansancio. Mas valoraba la seguridad de la situación conocida, aun a pesar de encontrarse desesperado, que la inseguridad de tomar la vida entre sus manos y arriesgarse a salir del conflicto en que se encontraba.
Así es como vivimos… hasta que algún valiente osa y se atreve a enfrentarse con la tormenta directamente…a menudo motivados por la desesperación… y esa será la causa de que toda la situación cambie por completo… y una nueva experiencia nazca como consecuencia de esa determinación.
La realidad cotidiana no está fuera, sino que se encuentra establecida en nuestra mente. Si no somos capaces de aclarar nuestra mente, no se aclarará el escenario en donde nos encontramos. Pero si no tenemos tiempo para aclarar nuestra mente pues no podremos cambiar el escenario. Así que deberemos renunciar a lo ilusorio del escenario y establecer como primera necesidad la de aclarar nuestra mente, con nuestra voluntad y determinación, por muy adversas que parezcan las situaciones que se deberán afrontar en las primeras etapas. Será necesario abandonar el barco… abandonar las necesidades primordiales (o eso parecerá al principio) hasta que nos demos cuenta de que el endeble barco de goma logrará salvarnos mientras que el deslumbrante barco de metal y fibra finalmente sucumbirá hacia el fondo del océano. Esto es muy difícil porque muchas de esas necesidades se mostrarán como personas, y nuestros sentimientos se convertirán en cadenas.
Lo que no sabremos hasta que logremos superar este problema de los falsos apegos, es que esas personas o situaciones que nos veremos obligados a abandonar, abandonados a sus propias penas… los volveremos a encontrar en tierra firme… pero allí se mantendrán serenas y libres, ofreciéndonos su amistad o su solución, sin necesidad de que nos atemos nuevamente a ellas.
Liberándonos primero, los liberamos a todos ellos (situaciones y personas) pero la situación inversa jamás se producirá porque todo ello está en nuestra mente, y el único que puede convertirse en motor y tomar decisiones en esa mente, somos nosotros.
Ahora podremos entender que el verdadero TORO es más grande de lo que pensábamos, y no hemos sabido localizarle porque nos encontramos dentro de él… Somos un punto de conciencia en el centro de una realidad ilusoria llamada mente.
¿Cómo seremos capaces de salir de allí?
¿Podremos encontrar un poco de tiempo que sea capaz de sacarnos del gran tiempo?
¿Seremos capaces de encontrar algún pensamiento que sea capaz de sacarnos del dominio del gran pensamiento?
Propósito, Voluntad, y Acción son las claves.
elg 2015