La vida eterna

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Buscando un merecido descanso, un infatigable viajero llegó a la orilla de un lago. Enseguida pensó que aquel era un buen sitio para descansar, para beber y para refrescarse, porque ya ni recordaba la ultima vez que había podido disfrutar de un buen baño. Sin embargo la incertidumbre le embargaba porque había oído hablar que aquellas tierras estaban llenas de ladrones, y tenía miedo de perder sus pertenencias.

Primero se sentó en la orilla y observó detenidamente aquella superficie de agua. ¿Sería profunda?¿Tendría corrientes y  remolinos ocultos? Pero al mismo tiempo que lo pensaba, los deseos de zambullirse en el agua se volvían más intensos.

Vio  algunos pájaros que se acercaban a la orilla, y con mucho cuidado y si mojar sus tiernas patas, alargaban el pico para saciar su sed. Después  retomaban su armonioso vuelo. Esto le hizo darse cuenta de que el agua era potable y que podía beberse. Después vio a otras aves más grandes descender y apoyarse en la superficie y deslizarse por ella como si fuese su propia tierra.  Eran aves esbeltas y de buen porte, majestuosas sobre el lago, que de vez en cuando sumergían su cuello bajo la superficie y encontraban su apropiado alimento. Sin embargo horas más tarde decidían poner fin a su feliz estancia, y remontaban también el vuelo hasta regresar en una próxima estación. Pero esto le llevó a darse cuenta de que había muchas clases y tipos de peces, que allí tenían su hogar.

Finalmente entre la dudas, escondió sus ropas y sus pertenencias detrás de unos matorrales, y fue sumergiéndose en el agua despacio, paso a paso, percibiendo como la humedad  ascendía desde los pies, por las rodillas, las piernas, el vientre, el pecho, hasta alcanzar la cabeza por debajo de la nariz. Por un momento tuvo muchas dudas, mientras no perdía de vista del lugar donde había dejado sus vestimentas. ¿Y si me distraigo y alguien me roba?  Durante mucho tiempo mantuvo esta posición,  nadando y mirando al mismo tiempo, disfrutando del baño y sufriendo por los miedos a ser despojado de lo que consideraba sus bienes más preciados.

Pasaron las horas, y la sensación de bienestar cada vez era más grande. Sentía como el agua curaba sus viejas heridas, calmaba su profunda sed, y relajaba su vieja musculatura acostumbrada a las largas marchas por la tierra firme, pero todavía faltaba algo más, todavía  no había podido conocer que misterios se encontraban bajo la superficie, el origen y la causa de aquella energía  que le calmaban y le daba alegría y vitalidad.

Por fin reconoció que si quería descubrir aquella causa, debía sumergirse completamente y perder de vista sus viejos bienes. Y finalmente el deseo de saber la verdad fue más fuerte que el deseo de conservar. Se sumergió del  todo y descendió lentamente hasta el fondo, confundiéndose con los coloridos peces, y la extraña vegetación subterránea. Allí todo era paz y armonía en movimiento. El agua lo conectaba todo incluso cuando las aves atravesaban la superficie y  penetraban en el sonido multicolor de aquel silencio divino. Descubrió que el origen de toda la vida , el bienestar y el descanso era la verdadera armonía de la multiplicidad de vidas conectadas por una misma conciencia de paz y amor. Y aunque allí se produjese el aparente ritual del nacimiento de la vida y de la muerte de unas especies y de otras, la conciencia era una, la misma y siempre manteniendo en el amor todas las formas que al mismo tiempo estaba construyendo y destruyendo en el mismo acto de mantener la consciencia.

Se encontraba pleno y lleno de felicidad, envuelto por todos estos pensamientos, y recubierto por el agua  que le vivificaba, cuando de repente recordó que había olvidado vigilar sus ropas. De repente el miedo le envolvió, y sintió la necesidad de respirar. Ascendió rápidamente con la sensación de temor en la garganta y de asfixia en los pulmones. «Rápido.. Rápido», pensaba mientras emergía.

La cabeza salió violentamente a la superficie  y  de forma instintiva volvió la vista hacia el lugar donde se hallaban sus recuerdos. El vientre se le encogió. Sus miedos se había hecho realidad, y allí  en la tierra seca, había algunos hombres recogiendo sus pertenencias. La primera reacción fue correr… pero no podía. Entonces tendría que nadar rápido y llegar a la orilla para reclamar sus pertenencias. Quiso gritar, pero se dio cuenta de que el agua había inundado la garganta y todas las cavidades aparentemente vacías de su cuerpo. Por fin había llegado al momento más crítico de su existencia. Reconoció que sabía que algún día tendría que llegar aquel momento, pero siempre lo había desterrado de su pensamiento, con la excusa de que aquello sería una ilusión. Sin embargo era real y había llegado la hora donde debía decidir entre la vida vieja y la nueva. Entonces recordó el cansancio de sus caminatas, y la felicidad y armonía de su experiencia submarina, y entonces se dio cuenta de que aquellos ropajes y pertenencias ya no le servían para su nueva etapa. Entonces el miedo desapareció de repente creando un vació en el que apareció la risa, una sonora y estruendosa risa que todo lo inundó.  Por fin todo su cuerpo se relajó y pudo hablar con absoluta serenidad y alegría dirigiéndose hacia aquellos que había encontrado sus viejos recuerdos.

«Gracias, amigos  por el gran favor que me habéis hecho». «Si no hubieseis venido hubiera estado sometido al miedo y a la incertidumbre eternamente». «Podéis cogerlo todo y utilizarlo con el mayor provecho que podáis, pero recordar que algún día deberéis devolverlo»

Ya no sería necesario mantener ninguna vigilancia, ni sentir ninguna angustia. Ahora podría mantener su completa conciencia de felicidad permanentemente envuelta por la conciencia única de la vida  eterna.

elg 03/2011

Instructor

La personalidad es una sombra que revela que detrás hay una gran luz