Primeras improntas

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El camino de la realización puede llevarse a cabo a través de 2 vías que finalmente convergen en una única. Por la satisfacción o por la renuncia del Deseo.

Sin embargo el deseo también puede diferenciarse a su vez en deseo objetivo y en deseo subjetivo, aunque habitualmente nos referimos al deseo objetivo desde la perspectiva de nuestra conciencia habitual objetiva.

¿Qué es el deseo?

El deseo objetivo surge de la percepción de un mundo externo que nos envuelve y nos rodea. Nos percibimos como un punto que aparece de repente en medio de un dibujo, y esto nos ofrece la sensación de que somos el centro (el punto) que puede moverse y actuar dentro de este dibujo. Es una percepción egocéntrica porque todo lo que existe es aquello que se percibe a través de nuestra consciencia objetiva que actúa a través de nuestros sentidos. El mundo se encuentra fuera de nosotros mismos y de nuestro control y por tanto se encuentra separado de nosotros y es ajeno a nuestra situación e incluso a nuestra voluntad. Pensamos que si desaparecemos o morimos el mundo o el dibujo sigue permaneciendo allí, impasible, existiendo con sus propias reglas de juego, como si de un ser superior se tratase. El dibujo que nos envuelve se convierte de inmediato en nuestro dios, aunque en las primeras etapas esto sucede de manera inconsciente.

El deseo entonces es la necesidad de experimentar y asimilar cada uno del resto de los puntos que se encuentra en el mismo dibujo en el que hemos nacido. Desde el mismo momento en que nacemos aparece la necesidad imperiosa de alimentarnos, que en su sentido absoluto nos indica que estamos obligados a absorber o integrar dentro de nosotros mismos algo que reside en nuestro exterior y que no forma parte de nosotros.

El primer deseo, la madre de los deseos y la representación de todos los deseos, aparece en el primer momento de nuestra existencia para indicarnos el primero de los caminos que debemos de seguir para conseguir nuestra realización. Por esto tras la primera toma de leche maternal, el néctar de la vida ofrecido por nuestro primer instructor, nos hacemos conscientes de nuestra primera sensación de satisfacción. Esta sensación, y el tenue placer recibido de la satisfacción de este deseo, nos dejan la impronta del camino que deberemos recorrer.

Sin embargo, poco después del primero de los sueños que hemos recibido como premio a nuestro estado de satisfacción, aparece un segundo deseo, que más se presiente como  una necesidad  imperiosa. El deseo de evacuar o de expulsar de nosotros, algo que se ha vuelto ajeno a nosotros y que se manifiesta a través del dolor.

elg

Instructor

La personalidad es una sombra que revela que detrás hay una gran luz