¿Cuál es ese punto más allá del movimiento o respiración de la sustancia? Este es el centro de gravedad, el punto en el centro del círculo, el lugar desde donde la divinidad decidió descender a los mundos sustanciales, y desde donde es entonado el perpetuo OM que organiza y da forma a la sustancia.
Cuando la divinidad decide hacerse visible, pronuncia el primer OM y crea el primer círculo en los planos superiores de la mente de Dios. Este primer círculo es en el que la luz proyecta para hacerse visible, y es como el primer cuerpo, el cuerpo traslucido de sustancia causal, y entonces la divinidad se hace visible para las mentes más elevadas, y este primer fuego construido alrededor del centro primordial se convierte en la primera emanación del alma. Cada nuevo aliento enviado por este perpetuo OM es una nueva orden, un nuevo alimento del que se nutre este fuego. El “oxigeno” alimenta el fuego, y la morada es mantenida en pie. Esta es la primera respiración.
Esta emanación no está lejos, no está fuera, esta es la emanación de la consciencia que se encuentra en el centro mismo del círculo, que no se mueve, que no gira, que no se proyecta ni se confunde.
Cuando esta luz pronuncia el segundo OM, entonces la materia mental es atraída y organizada, los devas responden a la llamada, y el segundo circulo es construido. Este segundo círculo es de materia mental que queda atrapado por la gravedad del centro y comienza a rotar alrededor de su creador. Los pensamientos emanan, se forman, se estiran, se desvanecen como corrientes de masa gaseosa alrededor de una estrella. Aquí la luz puede ser dividida en color, puede ser definida, formulada. La Luz se rodea de este círculo que contiene el germen de todas las formas, todos los conceptos, los moldes donde los pensamientos son forjados. La vida de este campo mental es mantenida mientras el “viento” del segundo OM mantiene en movimiento de giro estas enormes nubes de gas radiante.
Con el tercer Om, toda la sustancia “liquida” es traída a la actividad. Los devas astrales responden a la llamada y crean un poderoso entramado acuoso. Este tercer círculo refleja la luz central construyendo un revestimiento acuoso donde la luz es distorsionada. En este campo los deseos y sentimientos son construidos como corrientes, remolinos y olas que finalmente rompen en la playa. La visión queda atrapada y solo se percibe un inmenso y luminoso océano donde todas las formas son reflejadas. Este campo respira a través del flujo y del reflujo al igual que la mareas. El tercer Om mantiene en movimiento perpetuo este océano.
El cuarto OM, a través de los devas del mundo físico-eterico construye las cuerdas de fuerza, los puntos de cruce, la malla luminosa donde finalmente la sustancia física es condensada, como los planetas que son condensados y nacen dentro de la materia radiante estelar. El sonido del OM irrumpe con fuerza y choca contra la inercia, la densidad y el peso, pero lo traspasa. La vibración atómica mantiene viva toda esta materia de forma interna, mientras que la gravedad originada desde el mismo centro genera los movimientos de rotación y traslación externos. Este cuerpo finalmente adquiere forma y es manifestado en los confines del sistema. Este cuerpo es el que observamos todos los días en el espejo, o el que internamente percibimos cuando establecemos la identificación con nuestra forma física. Este cuarto círculo es el último de los anillos, donde la divinidad puede expresarse aquí y ahora.
Mientras los círculos concéntricos giran alrededor del centro, justo en ese punto central, nada se mueve, pero todo el resto se mueve de acuerdo a su voluntad. Cuando ponemos nuestra consciencia en este centro, y somos este centro, el mundo sigue girando, el tiempo sigue transcurriendo, la evolución continúa su proceso, pero aun así el silencio y la quietud permanecen.
Nosotros somos aquí y ahora el punto y el círculo, el origen y la manifestación, pero solo podemos obtener la completa perspectiva de nuestra divinidad si enfocamos y mantenemos la consciencia en ese punto central, y desde allí observamos primero, y dirigimos después el flujo y reflujo de todos los anillos construidos y circundantes. Allí comienza la creación del universo y se recapitula por medio de nuestra propia creación. Este divino creador, que está representado a nivel humano por el Cristo, mantiene su esencia y su poder creativo en el centro, y desde allí por medio de la voluntad enfocada y el amor radiante, mantiene en perpetua entonación estos cuatro OM, que en realidad son solo un OM. La evolución devica responde a la evolución de la consciencia humana y la vida de la forma, la vida que respira es expresada como respuesta al amor de la consciencia de Cristo, cuya energía se derrama en cada una de las miríadas de almas humanas que tomaron su forma individual en la construcción de su cuerpo causal dentro de la mente de Dios.
Manteniendo la consciencia dentro de este centro radiante de divinidad, los cuerpos pueden ser retirados, sin apego ni dolor, y la sustancia puede ser retornada a su propio plano, más radiante, más iluminada, dispuesta a reaccionar a un nuevo OM, dispuesta a organizarse en torno a una nueva vida emergente.
Despiertos en este centro, identificados en este centro, alineados en este centro, la vida viene y va como el flujo y reflujo. El alma mantiene su identidad y evoluciona de acuerdo con el plan, evolucionando su consciencia amorosa y haciendo evolucionar la vibración dentro de la vida devica.
Om… Om… Om…
elg – 2009